ACCESIBILIDAD PARA TODOS: LAS DISCAPACIDADES OLVIDADAS

La Convención de Naciones Unidas sobre derechos de las personas con discapacidad defiende un concepto de “accesibilidad” pro-activo, obligando a los Estados Parte a tomar las medidas necesarias para garantizar el acceso en pie de igualdad con el resto de la población, no sólo al medio físico y al transporte, sino a la comunicación, a la información, a las TIC y a cualquier otro servicio o instalación de uso público. Así de contundente es el art. 9:

“ A fin de que las personas con discapacidad puedan vivir en forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida, los Estados Partes adoptarán medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones, incluidos los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público, tanto en zonas urbanas como rurales”

(Los resaltados son míos)

Así pues, la imperatividad de la Convención es clara: los Estados Partes adoptarán. El ámbito subjetivo también es claro: las personas con discapacidad (todas). Y la finalidad de las medidas a adoptar también: garantizar que las personas con discapacidad puedan desarrollar su proyecto de vida y participar plenamente en la sociedad en pie de igualdad con las personas sin discapacidad. En mi opinión, este es uno de los puntos más importantes de la Convención, porque supone reconocer públicamente que el modelo de “minusválido”, de “retrasado”, de persona que sólo sirve para quedarse en casa y ser cuidado por sus padres (mejor dicho, por sus madres) ya no es de recibo, sino que los derechos de las personas con discapacidad (especialmente, la dignidad) son también derechos humanos y, como tales, merecen todo el reconocimiento del Estado y de los demás ciudadanos, y se garantiza, además, la licitud de la discriminación positiva para alcanzar el status de igualdad.

En España, Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social define la accesibilidad universal como “ la condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos, instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la forma más autónoma y natural posible. Presupone la estrategia de «diseño universal o diseño para todas las personas», y se entiende sin perjuicio de los ajustes razonables que deban adoptarse”.

Por todos es conocido que existen numerosas normas que obligan a particulares y Administraciones a realizar adaptaciones para adecuar los edificios para las personas con movilidad reducida, para la utilización de la lengua de signos incluso en los procedimientos judiciales o el uso del Braille hasta en los ascensores. Sin embargo, hay otras formas de discapacidad para las que ni se han pensado en las adaptaciones ni, mucho menos, se han puesto en práctica: trastornos del espectro autista, trastornos de déficit de atención, epilepsia y, por supuesto, enfermedad mental.

¿Cuáles deben ser las adaptaciones que se deben realizar por los Poderes Públicos y por los particulares para cumplir con la obligatoriedad de adaptar el mundo que nos rodea para las personas con trastorno mental grave? Los profesionales, las familias, las asociaciones, ¿conocemos realmente cuáles son las necesidades de las personas con TMG, hemos establecido los mecanismos para escuchar o para permitirles participar? Son ellos y ellas quienes tienen que marcar el rumbo, dar las directrices, porque saben qué cosas son las que les molestan, qué cosas hay que cambiar para hacer un entorno más amigable.

Hemos de aprovechar ahora la existencia de la Estrategia Autonómica de Salud Mental 2016-2020 de la Comunidad Valenciana, cuyas líneas de fuerza están en el empoderamiento de las personas con TMG y sus familias y en la participación, para conseguir que esas adaptaciones exigidas por la Convención de Nueva York se pongan en marcha y consigamos entre todos que realmente exista esa accesibilidad universal que hará una sociedad más justa y amigable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *