“Resiliencia: difícil palabra de pronunciar, pero agradeceremos el conocerla…”

¿Que será esto de la Resiliencia? ¿En que tendrá que ver con nuestras vidas? Muchas pueden ser las preguntas en torno a esta palabra, que a medida que entendamos su significado, muchos beneficios nos podrá traer…

La podemos definir desde diferentes ópticas como: “propiedad de la materia que se opone a la rotura por el choque”, “índice de resistencia al choque de un material”, o teniendo el cuenta el objetivo de este artículo: “resistencia al sufrimiento”, “capacidad de resistir las magulladuras de la herida psicológica, como el impulso de reparación psíquica que nace de esa resistencia”.

La resiliencia se define frecuentemente como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Sin embargo, el concepto ha experimentado importantes cambios desde la década de los 60. En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no sólo individuales, sino también familiares, comunitarios y, actualmente, culturales. Resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar». El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que a pesar de sufrir situaciones estresantes no son afectadas psicológicamente por ellas.

Ser resiliente NO significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades. La muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo, problemas financiero serios, etc., son sucesos que tienen un gran impacto en las personas, produciendo una sensación de inseguridad, incertidumbre y dolor emocional. Aún así, las personas logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.

El camino que lleva a la resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y malestar emocional, a pesar del cual las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia. La resiliencia psicológica no se tiene, sino que es algo que se desarrolla y se aprende a mantener. Es por eso que uno de los pilares se encuentra directamente en los hábitos de la persona que logra desarrollarla. Estos hábitos característicos de las personas entrenadas en la resiliencia pueden ser tan variados y flexibles como maneras hay de vivir la vida, pero a grandes rasgos se pueden nombrar algunos que son aplicables a la mayoría de los casos: pensamiento positivo, capacidad de ponerse en el lugar del otro, aceptación, capacidad de análisis, resolución de conflictos, centrarse en las soluciones…estos serian algunos de los puntos a tener en cuenta para ser Resilientes…

Es una gran característica que va de la mano con la Salud Mental, y como decimos siempre, solo teniendo Salud Mental podemos acceder a una Salud Integral…

“No sobrevive el organismo más fuerte sino el que mejor se adapte” Darwin

¡Vamos a entrenar! ¡Entrenar para ser Resilientes!

                                           Luisina Daives. Psicóloga de Amadem

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